Todo parece estar dicho sobre el golpe de estado cívico militar -y le agregaría burgués- de junio de 1973 en Uruguay. También todo parece estar dicho sobre la huelga general en la que la clase trabajadora intentó resistir de forma organizada a aquella avasalladora fuerza económico militar.
Quienes nos interesamos en el devenir histórico de nuestra región, de nuestras luchas, de nuestros fracasos, de nuestros éxitos, hemos podido leer variedad de posturas e interpretaciones sobre aquella época y sus acontecimientos.
Una postura que parece subyacer en el pensamiento de una izquierda amplia es que el golpe fue la llegada de una “época oscura”. Se habla de la “pérdida de libertades” que trajo la dictadura y de la persecución y desaparición de luchadores político/sindicales.
Algunos pretendiendo añadir alguna capa de complejidad e intentando evitar el ombliguismo metodológico (llamaré así al método de solo mirarnos a nosotros mismos para entendernos), observamos en la época una situación regional similar, con una serie de golpes de Estado que se van dando sucesivamente con características parecidas y que responden más o menos al pie de la letra a instrucciones estadounidenses o mínimamente cuentan con su aprobación.
La corriente político-filosófica de derecha autóctona asumió históricamente la postura de que en Uruguay existió una guerra, un enfrentamiento entre facciones (militares-guerrilla) que desembocó en el golpe de Estado. Una guerra entre dos demonios plantearía tácitamente el ex presidente Julio María Sanguinetti con poca originalidad y rigurosidad. Dejaremos así resumida esta postura pues en esta ocasión solo daré constancia de su existencia en términos generales.
La “luz” de la democracia y la “oscuridad” de la dictadura
Entender a la dictadura como una época oscura es brindarle a la democracia un carácter luminoso por transitiva, es idealizar la democracia previa y posterior a la dictadura. Demonizar la dictadura e idealizar la democracia solo genera una cosa: imposibilidad de comprensión de la complejidad del proceso histórico.
Un proceso análogo al utilizado por el pensamiento occidental (del cual somos parte) al construir el relato de la “edad media” o “época oscura” para etiquetar al periodo entre la “brillante” época de la “luminosa” civilización greco-romana y el período catalogado como renacimiento (de aquella anterior época dorada).
Rescatando en el renacimiento (Siglo XV) la parte conveniente de aquellas civilizaciones idealizadas y negando absolutamente el período de la llamada edad media impidiendo su comprensión, se generó un relato que tardó siglos en ser puesto en cuestionamiento (sin haber caído del todo) y del que poco se pudo aprender.
Si bien es cierto que existieron diversos estudios sobre la dictadura, realizados por diversos historiadores desde diversos enfoques y que intentan romper con el carácter “oscuro” e insondable de la época también es cierto que aún hoy existe temor en las instituciones de enseñanza de tocar el tema. La niebla lo sigue enturbiando.
Ciertos aspectos, como por ejemplo quiénes se beneficiaron de la dictadura habitando la oscuridad y beneficiándose en ella, aún no llegan a las aulas de enseñanza media y por transitiva tampoco al gran público.
La otra cara de esto es que se sigue alimentando la figura idealizada de la democracia, aquello que hay que “cuidar” como si fuera un frágil recién nacido que necesita ser criado entre algodones pues ya sabemos que cuando no se hace vuelve la “oscuridad”. La luz de la democracia sería entonces el escudo que nos protege de los demonios pasados y por lo tanto mejor no criticarla, no sea cosa que nos quedemos a oscuras de nuevo.
Los no creyentes, los innombrables
Hay un sector que no compró el relato de la luz y la oscuridad, que se supo mover sin problemas éticos en la democracia y la dictadura: la burguesía, aquella encargada del sector agroexportador (en una primera etapa) y luego los grandes ganadores: el sector financiero y el inmobiliario que pudo moverse y se mueve a sus anchas durante ambos momentos.
Ellos no creyeron en lo intocable de la democracia en la crisis del 2002 y la supieron manipular para salir ilesos de un gran robo a los ahorros de los trabajadores que tuvo pocos damnificados entre sus orquestadores.
Tampoco tuvieron ningún miedo en “la oscuridad” planteada de la dictadura, cuando se llenaron sus bolsillos a costa de la reducción de los salarios de los trabajadores y su posterior endeudamiento.
Los negocios son negocios siempre y se nos muestran como intocables, objetivos, ajenos a lo político y a la historia. Pero cuando ponemos la lupa en ellos nos damos cuenta de que como por “arte de magia” son los burgueses quienes siempre salen bien parados. Este es el sector que se benefició más de la dictadura y quien moldeó las condiciones de la democracia pos 1985 (con ayuda de tutores extranjeros). Es también el sector que hoy en día manda directa o indirectamente en la política nacional y regional.
Obsolescencia programada
Para que quede claro, en nuestro sistema capitalista las formas de gobierno han variado entre dictadura y democracia. En ambos sistemas de gobierno los mayores beneficiados son los que tienen grandes capitales y se acomodan a cualquiera de las dos circunstancias. En ambos sistemas los que quedan excluidos salen de la clase trabajadora, los que se endeudan para llegar a fin de mes son trabajadores, los que tienen problemas para conseguir medicamento y un techo son trabajadores.
A nivel mundial la democracia está bajo ataque, se está reformando o avasallando, dependiendo del caso y la necesidad del gran capital. Los trabajadores están hartos de vivir en la miseria y con inseguridad. En general la derecha supo dar respuesta a esto con un discurso que podríamos resumir de la siguiente forma: la democracia no sirve, hay que hacer lo que sea necesario para poder “vivir en paz”.
Tenemos entonces los surgimientos de figuras como Bukele, Trump, Merkel, Macron, etc. Estos sujetos utilizan la democracia hasta donde pueden y cuando ya no sirve la pasan por arriba sin ningún tipo de vergüenza pues la gente ya no se embandera detrás del ideal democrático (pues demostró su ineficiencia).
Estos nuevos fenómenos tendrán su cuarto de hora de fama. Fueron capaces de establecer una crítica a la democracia que calara y se entendiera por los trabajadores a la vez que solucionaron parcialmente problemas graves en sus países, en acuerdo con el gran capital tanto legal como “ilegal” y con métodos genocidas (caso de la inseguridad de El salvador).
A diferencia de los liberales clásicos o progresistas se dieron cuenta de que la democracia había cumplido su ciclo como todo en este sistema. El problema de estos nuevos surgimientos, al igual que los intentos progresistas, es que no atacan el problema central: pocos viven una vida de lujo y otros trabajan en dos o tres trabajos 12 horas para poder tener un techo y una comida.
Ver la oportunidad y eludir las trampas
Ahora podría ser sencillo para la izquierda caer en la trampa de defender la democracia pues es como suelen repetir “lo menos malo”. Deberíamos evitar caer en esa falacia. La falsa dicotomía que se nos plantea “dictadura o democracia” es ya reconocida por la clase trabajadora como inservible, no responde problemas solo los esconde. Pero hasta ahora solo la derecha responde.
Es el momento entonces de generar críticas a los sistemas de gobierno propios del capitalismo para trascenderlo, de entender que las condiciones de vida de la mayoría tienen que cambiar, de recordar a los compañeros que cayeron intentando romper con el sistema porque entendieron tempranamente que no se podía vivir dignamente en él bajo ninguna forma de gobierno.
Si reconocemos lo anterior, debemos pensar nuevas estrategias que nos permitan crear una sociedad nueva, pensar cómo llegar a realizarla y convencernos de que esto no da para más.
No da para más vivir en un mundo de deudas, no da para más trabajar horas incansables, no da para más no tener la seguridad de un techo, no da para más morir por pasar frio en la calle, no da para más que nos vuelvan locos por nuestras condiciones de vida hiper-productivas , no da para más que mueran mujeres solo por ser mujeres.
Tomemos consciencia de esto, hagamos el duelo y creemos nuevas formas de vivir. Llevará lo que tenga que llevar, pero es necesario. Sino pasará lo que viene pasando: mejoras relativas y pasajeras en una parte de la población dependiendo de dónde nos encontremos y quién lleve la batuta para luego volver a sufrir en forma generalizada mientras unos pocos siempre se llevan la suya .