Hegemonía debilitada en el PIT-CNT

EN DISPUTA

 

En los últimos años hemos asistido, sobre todo desde la llegada del Frente Amplio al gobierno, a un período en el cual el sindicalismo tuvo sus menores niveles de independencia respecto del gobierno y de las patronales desde hace tiempo. Esto no se debe a que en estos años haya mayor nivel de organización política de la clase obrera y que esto redunda  en que se organicen en los partidos del gobierno. Sería ingenuo pensar que antes la clase obrera prescindía de organizarse políticamente, hoy lo hace, pero de hecho lo hace cada vez menos. La independencia de clase tampoco depende de eso directamente, si no de que los sindicatos en su crysol ideológico tengan capacidad para resolver las medidas, programas, reivindicaciones, etc. mediante sus canales orgánicos, que representen los intereses de la clase y defiendan los derechos conquistados en busca de transformar todo lo que tenga que ser transformado para terminar con la sociedad de clases. Esas posturas están en disputa en la orgánica del sindicalismo de hoy.

 

Lo que ha  pasado sí, es que la hegemonía sostenida en los sindicatos y a nivel  central en el PIT-CNT por parte de las organizaciones políticas integrantes del gobierno, ha puesto la lucha cotidiana de los trabajadores en función de sostener un proyecto de país y de gobierno, el del Frente Amplio. Este hecho es indiscutible. Las resoluciones de los congresos incluyendo al PIT-CNT dentro de un “bloque social y político de los cambios” en el cual también se encuentra el partido de gobierno, es una de las muestras claras que tiene en la práctica, donde se hace lo imposible por evitar poner a la clase trabajadora en enfrentamientos con el gobierno por más mínimo que este sea. A su vez, cada supuesto avance es aplaudido por los máximos dirigentes de la clase obrera, públicamente y con especial atención.

La dirección del PIT-CNT ha optado constantemente por salir a pegarle a la derecha electoral, sobre todo en años previos a las elecciones, fijando como claro objetivo ganar nuevamente las contiendas nacionales, sea cual sea el costo, y arrastrando a los trabajadores organizados a posiciones emparentadas con el gobierno. Mientras tanto el gobierno ha tenido una política muy cercana al empresariado. Es por eso que los trabajadores nos encontramos en un encrucijada de la que solo se sale poniendo nuestros propios intereses como objetivos y no los del partido que gobierna.  Alcanza solo como ejemplo ver las pautas salariales que fijan los aumentos según “que tan bien le va a las empresas”, dejando congelamiento y rebajas salariales como consecuencia. Los presupuestos que se recortan a nivel de políticas sociales, las pautas salariales en el sector público, los recortes y privatizaciones en los entes, el acercamiento del gobierno al empresariado en los consejos de salarios, los presupuestos en educación, salud y vivienda, etc. son claras muestras de las prácticas antipopulares del gobierno.

 

Rebelión en las bases

 

A nivel de las bases sindicales, a los personeros del gobierno cada vez se les hace más difícil sostener una política de filiación al mismo, dado que la realidad los pasa por encima y los aplasta. Esto tiene su correlato más directo donde el gobierno oficia como patronal, pero también se va notando cada vez más en el sector privado. Si bien el ajuste es menos duro que en los países de la región, ya no existen los niveles de derrame de capital que existieron en los primero años de gobierno y como todo gobierno pro capitalista, el primer ajuste es al bolsillo del trabajador. Por más que se lo intente pintar de muchos colores, la clase ha desarrollado, y seguirá haciéndolo, grandes conflictos en los últimos años y también ha empezado a derribar mitos de gobiernos simpáticos con nuestros intereses, volviéndose cada vez más críticos.

En este contexto han surgido en casi todos los sectores organizados alternativas  que se plantean la independencia de clase como bandera, corrientes críticas tanto con el gobierno como con quienes ponen a nuestra clase al servicio del mismo. Compañeros sueltos, agrupaciones, bases que pasan por encima de su dirección, conflictos puntuales, filiales de federaciones o directamente sindicatos conducidos por estas líneas. Todos estos niveles de expresión son importantes y suman a la construcción de alternativas para la clase obrera.

 

Unidad del clasismo

 

Podemos decir que la máxima expresión de los últimos años de unidad del clasismo dentro de la clase obrera es la denominada “coordinación de los 8 sindicatos”, que no es más que una consecuencia de lo descripto anteriormente, pero que ha tenido la capacidad de sintetizar las posiciones de todo el espectro clasista dentro de los trabajadores organizados. Dejando de lado las pequeñas diferencias que durante muchos años dividieron al clasismo en nuestro país, en pos de una construcción heterogénea pero que posibilitó el ingreso a la convención de trabajadores de debates que hasta hace unos años eran dejados de lado y también  la adopción de medidas de lucha con caracterizaciones a desnudar el carácter pro empresariado del gobierno. Esta coordinación surge entre sindicatos integrantes de la mesa representativa, pero establece coordinación con todos quienes comparten una metodología de construcción sindical crítica y alejada de las formas burocráticas que campean en las dirigencias sindicales. Con una fuerte impronta de solidaridad de clase, apoyando en todos lados donde estén trabajadores dando pelea.

El PIT-CNT manteniendo su unidad, ha quedado dividido en tres grandes alternativas, que se manifestaron con tres documentos distintos en el último congreso. La corriente mayoritaria que unificó a Articulación con los sindicatos conducidos por el Partido Comunista, crearon un gran bloque del sindicalismo pro gobierno, bloque que siempre existió a la hora de las votaciones trascendentes pero que se oficializó en el último congreso a pesar de las rispideces internas aún existentes. La corriente “en lucha”, que se presentó detrás del documento de la Confederación de Organizaciones de Funcionarios del Estado (COFE) y que pos congreso le dio nombre y presentación a la corriente, tiene entre sus filas a sindicatos grandes como las misma COFE, la Federación de Obreros y Empleados de la Bebida y la Asociación De Empleados y Obreros Municipales de Montevideo, que se presenta como critica con el gobierno y con la corriente oficialista pero que no está exenta de la reproducción de las mismas lógicas burocráticas de construcción sindical, siendo que además acompañaron los planteos de la mayoría en la gran parte del periodo anterior a este congreso. Por último la coordinación de los 8 sindicatos que presentó un documento que básicamente retoma postulados históricos de la clase obrera y que parte de una caracterización del gobierno y de la etapa diametralmente opuesta a la del oficialismo. Dicho Documento reunió casi el 20 por ciento de los votos del congreso, superando el doble de los delegados que llevaban los 8 sindicatos, mostrando una necesidad que existía de una alternativa a las corrientes que venían primando en el PIT-CNT.

Es claro que estas disputas no tienen su lugar únicamente en los órganos de decisión de la convención, sino en la construcción sindical cotidiana, en las bases de cada sindicato y cada federación, en la forma en que se dan y se resuelven los conflictos, en el ejercicio de la solidaridad de clases. Es cierto también que hemos vivido una etapa de fuerte retroceso ideológico, muchos trabajadores están totalmente por fuera, no ya de los sindicatos sino de la cercanía a un pensamiento crítico y de izquierda, tomando postura reaccionarias promovidas por los medios de comunicación, o al menos desencantadas con todo tipo de política. Pero en esta coyuntura tan difícil para las ideas de izquierda, el crecimiento que ha tenido, en lo sindical, el clasismo en los últimos años y la concreción de niveles de unidad, son una señal importante para aquellos que tienen en su horizonte la transformación social.

 

Hegemonía debilitada en el PIT-CNT

EN DISPUTA

 

En los últimos años hemos asistido, sobre todo desde la llegada del Frente Amplio al gobierno, a un período en el cual el sindicalismo tuvo sus menores niveles de independencia respecto del gobierno y de las patronales desde hace tiempo. Esto no se debe a que en estos años haya mayor nivel de organización política de la clase obrera y que esto redunda  en que se organicen en los partidos del gobierno. Sería ingenuo pensar que antes la clase obrera prescindía de organizarse políticamente, hoy lo hace, pero de hecho lo hace cada vez menos. La independencia de clase tampoco depende de eso directamente, si no de que los sindicatos en su crysol ideológico tengan capacidad para resolver las medidas, programas, reivindicaciones, etc. mediante sus canales orgánicos, que representen los intereses de la clase y defiendan los derechos conquistados en busca de transformar todo lo que tenga que ser transformado para terminar con la sociedad de clases. Esas posturas están en disputa en la orgánica del sindicalismo de hoy.

 

Lo que ha  pasado sí, es que la hegemonía sostenida en los sindicatos y a nivel  central en el PIT-CNT por parte de las organizaciones políticas integrantes del gobierno, ha puesto la lucha cotidiana de los trabajadores en función de sostener un proyecto de país y de gobierno, el del Frente Amplio. Este hecho es indiscutible. Las resoluciones de los congresos incluyendo al PIT-CNT dentro de un “bloque social y político de los cambios” en el cual también se encuentra el partido de gobierno, es una de las muestras claras que tiene en la práctica, donde se hace lo imposible por evitar poner a la clase trabajadora en enfrentamientos con el gobierno por más mínimo que este sea. A su vez, cada supuesto avance es aplaudido por los máximos dirigentes de la clase obrera, públicamente y con especial atención.

La dirección del PIT-CNT ha optado constantemente por salir a pegarle a la derecha electoral, sobre todo en años previos a las elecciones, fijando como claro objetivo ganar nuevamente las contiendas nacionales, sea cual sea el costo, y arrastrando a los trabajadores organizados a posiciones emparentadas con el gobierno. Mientras tanto el gobierno ha tenido una política muy cercana al empresariado. Es por eso que los trabajadores nos encontramos en un encrucijada de la que solo se sale poniendo nuestros propios intereses como objetivos y no los del partido que gobierna.  Alcanza solo como ejemplo ver las pautas salariales que fijan los aumentos según “que tan bien le va a las empresas”, dejando congelamiento y rebajas salariales como consecuencia. Los presupuestos que se recortan a nivel de políticas sociales, las pautas salariales en el sector público, los recortes y privatizaciones en los entes, el acercamiento del gobierno al empresariado en los consejos de salarios, los presupuestos en educación, salud y vivienda, etc. son claras muestras de las prácticas antipopulares del gobierno.

 

Rebelión en las bases

 

A nivel de las bases sindicales, a los personeros del gobierno cada vez se les hace más difícil sostener una política de filiación al mismo, dado que la realidad los pasa por encima y los aplasta. Esto tiene su correlato más directo donde el gobierno oficia como patronal, pero también se va notando cada vez más en el sector privado. Si bien el ajuste es menos duro que en los países de la región, ya no existen los niveles de derrame de capital que existieron en los primero años de gobierno y como todo gobierno pro capitalista, el primer ajuste es al bolsillo del trabajador. Por más que se lo intente pintar de muchos colores, la clase ha desarrollado, y seguirá haciéndolo, grandes conflictos en los últimos años y también ha empezado a derribar mitos de gobiernos simpáticos con nuestros intereses, volviéndose cada vez más críticos.

En este contexto han surgido en casi todos los sectores organizados alternativas  que se plantean la independencia de clase como bandera, corrientes críticas tanto con el gobierno como con quienes ponen a nuestra clase al servicio del mismo. Compañeros sueltos, agrupaciones, bases que pasan por encima de su dirección, conflictos puntuales, filiales de federaciones o directamente sindicatos conducidos por estas líneas. Todos estos niveles de expresión son importantes y suman a la construcción de alternativas para la clase obrera.

 

Unidad del clasismo

 

Podemos decir que la máxima expresión de los últimos años de unidad del clasismo dentro de la clase obrera es la denominada “coordinación de los 8 sindicatos”, que no es más que una consecuencia de lo descripto anteriormente, pero que ha tenido la capacidad de sintetizar las posiciones de todo el espectro clasista dentro de los trabajadores organizados. Dejando de lado las pequeñas diferencias que durante muchos años dividieron al clasismo en nuestro país, en pos de una construcción heterogénea pero que posibilitó el ingreso a la convención de trabajadores de debates que hasta hace unos años eran dejados de lado y también  la adopción de medidas de lucha con caracterizaciones a desnudar el carácter pro empresariado del gobierno. Esta coordinación surge entre sindicatos integrantes de la mesa representativa, pero establece coordinación con todos quienes comparten una metodología de construcción sindical crítica y alejada de las formas burocráticas que campean en las dirigencias sindicales. Con una fuerte impronta de solidaridad de clase, apoyando en todos lados donde estén trabajadores dando pelea.

El PIT-CNT manteniendo su unidad, ha quedado dividido en tres grandes alternativas, que se manifestaron con tres documentos distintos en el último congreso. La corriente mayoritaria que unificó a Articulación con los sindicatos conducidos por el Partido Comunista, crearon un gran bloque del sindicalismo pro gobierno, bloque que siempre existió a la hora de las votaciones trascendentes pero que se oficializó en el último congreso a pesar de las rispideces internas aún existentes. La corriente “en lucha”, que se presentó detrás del documento de la Confederación de Organizaciones de Funcionarios del Estado (COFE) y que pos congreso le dio nombre y presentación a la corriente, tiene entre sus filas a sindicatos grandes como las misma COFE, la Federación de Obreros y Empleados de la Bebida y la Asociación De Empleados y Obreros Municipales de Montevideo, que se presenta como critica con el gobierno y con la corriente oficialista pero que no está exenta de la reproducción de las mismas lógicas burocráticas de construcción sindical, siendo que además acompañaron los planteos de la mayoría en la gran parte del periodo anterior a este congreso. Por último la coordinación de los 8 sindicatos que presentó un documento que básicamente retoma postulados históricos de la clase obrera y que parte de una caracterización del gobierno y de la etapa diametralmente opuesta a la del oficialismo. Dicho Documento reunió casi el 20 por ciento de los votos del congreso, superando el doble de los delegados que llevaban los 8 sindicatos, mostrando una necesidad que existía de una alternativa a las corrientes que venían primando en el PIT-CNT.

Es claro que estas disputas no tienen su lugar únicamente en los órganos de decisión de la convención, sino en la construcción sindical cotidiana, en las bases de cada sindicato y cada federación, en la forma en que se dan y se resuelven los conflictos, en el ejercicio de la solidaridad de clases. Es cierto también que hemos vivido una etapa de fuerte retroceso ideológico, muchos trabajadores están totalmente por fuera, no ya de los sindicatos sino de la cercanía a un pensamiento crítico y de izquierda, tomando postura reaccionarias promovidas por los medios de comunicación, o al menos desencantadas con todo tipo de política. Pero en esta coyuntura tan difícil para las ideas de izquierda, el crecimiento que ha tenido, en lo sindical, el clasismo en los últimos años y la concreción de niveles de unidad, son una señal importante para aquellos que tienen en su horizonte la transformación social.