LOS PASOS HACIA LA UTOPÍA

 

Hace más de 30 años, quienes pensamos que es posible vivir sin capitalismo, carecemos de una estrategia capaz de lograr dicho objetivo. El propio objetivo se nos ha vuelto confuso, lo que pone las cosas mucho más complicadas.

 

En este artículo intentaremos pensar un concepto clave en la política: la estrategia. No lo haremos en abstracto, sino que partiremos de nuestra propia historia, particularmente, retomando el lugar que le daba a estos conceptos uno de los últimos grandes estrategas de la revolución latinoamericana: Ernesto Guevara.

Hay dos textos del Che que resultan imprescindibles para abordar este tema: “Táctica y estrategia de la revolución latinoamericana” de 1962 y El mensaje a los pueblos del mundo a través de la tricontinental conocido como “crear dos, tres… muchos Vietnam” de 1967. Partiremos entonces de dichos textos para pensar el problema.

 

Estrategia ¿Qué es?

 

Estrategia es un concepto bélico, trabajado por Carl Von Clausewitz, estrechamente vinculado a la política, ya que según sus famosas palabras: la guerra es la extensión de la política. “Táctica y estrategia son los dos elementos sustanciales del arte de la guerra, pero guerra y política están íntimamente unidas a través del denominador común, que es el empeño en lograr un objetivo definitivo...” (Guevara, 1962)

 

Aquí tenemos los tres elementos claves para comprender el asunto: Objetivo, estrategia y táctica. El objetivo es lo que da sentido a los otros dos conceptos. Un objetivo no se logra azarosamente, ni por la voluntad espontánea, ni por la alegría o el empeño, ni por mucho que se rece, para lograrlo hace falta una estrategia. Planificar: el lapso, los lugares, las fuerzas y los métodos que se deberán emplear, es decir la conducción. Táctica por su parte, es la disposición que se asume en cada caso aislado.

Esto adquiere complejidad, ya que un objetivo táctico puede transformarse en estratégico dada su importancia en la conquista del objetivo, o la correlación de fuerzas concreta de que se disponga. Pero es determinante saber diferenciar una cosa de la otra, ya que la dilapidación de fuerzas y el desgaste resultan mortales si no se los distingue bien.

Guevara encontraba un gran problema político en los progresismos que ponen toda su fuerza por ganar una batalla electoral, una conquista sindical, un derecho, etc. sin atender el problema del poder, llevando al pueblo a callejones sin salida.

 

“¿Por qué esta dilapidación de las energías populares? Por una sola razón: en las fuerzas progresistas de algunos países de América existe una confusión terrible entre objetivos tácticos y estratégicos; en pequeñas posiciones tácticas se ha querido ver grandes objetivos estratégicos. Hay que atribuir a la inteligencia de la reacción el que haya logrado hacer de estas mínimas posiciones ofensivas el objetivo fundamental de su enemigo de clase.” (Guevara, 1964)

 

Foquismo

 

Es al día de hoy, que muchos izquierdistas, profesores universitarios y teóricos de fuste, no vacilan en hablar de “foquismo” cuando de estrategia guevarista se trata. Es un lugar común que ni siquiera se cuestiona. Seguramente no se hayan tomado el trabajo de leer los escritos del Che, o de estudiar su práctica. Probablemente solo conozcan a la caricatura de Guevara: la de un barbudo voluntarioso con buena puntería. Desconocen al Che lector sistemático de filosofía, economía y diversos temas políticos y militares; el Che era un revolucionario tan audaz en la práctica como inquieto en la teoría (aunque no publicara todos sus escritos)

Durante muchos años se le asignó a Guevara una idea que es propia de Regis Debray y como Debray era un profesor francés, su mirada para referirse a la Revolución cubana fue más tenida en cuenta que la de los propios revolucionarios. Lo cierto es que la idea de “foquismo” fue una construcción de Debray, con la que el Che no simpatizaba mucho según cuentan sus compañeros más cercanos.

 

Objetivo ¿Cuál es?

 

“El estudio certero de la importancia relativa de cada elemento es el que permite la plena utilización por las fuerzas revolucionarias de todos los hechos y circunstancias encaminados al gran y definitivo objetivo estratégico: la toma del poder.

El poder es el objetivo estratégico sine qua non de las fuerzas revolucionarias, y todo debe estar supeditado a esta gran consigna.” (Guevara, 1962)

 

Tal vez ahora resulte más claro: el objetivo que determina toda la vida de Ernesto Guevara, sin el cual no se puede explicar ninguna de sus acciones es “La toma del poder por parte de las fuerzas revolucionarias”, a partir de esto toda su historia como revolucionario cobra sentido.

Buscar causas psicológicas o formas de ser desde las cuales criticar o fundamentar la vida del Che es mera masturbación teórica de la derecha, dejémosles a ellos ese trabajo.

Sigamos leyendo al Che mejor:

 

“En nuestro mundo en lucha, todo lo que sea discrepancia en torno a la táctica, método de acción para la consecución de objetivos limitados, debe analizarse con el respeto que merecen las apreciaciones ajenas. En cuanto al gran objetivo estratégico, la destrucción total del imperialismo por medio de la lucha, debemos ser intransigentes.” (Guevara 1967)

 

Se aclara en este pasaje cuáles son los criterios de unidad y debates posibles entre revolucionarios: ¿Es posible aliarse con todo el mundo? ¿es una cuestión de capricho, de amistad, o hay algún elemento que nos permita discernir con quiénes se cuenta entre las fuerzas populares? Para el Che era claro, todo podía ser discutido, excepto el objetivo de la destrucción del imperialismo, es decir de la toma del poder.

¿Por qué destrucción del imperialismo y toma del poder pueden usarse como sinónimos? En el Che lo eran a partir de su diagnóstico de las condiciones de la época: “los grandes contendientes que en este momento disputan la hegemonía del mundo: el imperialismo y el socialismo” (...) “Se establece que, aun cuando ya es muy importante la lucha por la liberación de los pueblos, lo que caracteriza al momento actual es el tránsito del capitalismo al socialismo.” (Guevara, 1962)

 

Actualmente esta afirmación es vista como pasada de moda por muchos intelectuales del reformismo y vendida a los alumnos de la academia como carente de toda finesa intelectual. ¿Por qué? Porque ni el reformismo, ni la burguesía tienen interés en que los pueblos piensen en el problema del poder político. El posmodernismo ha travestido la idea de Poder en la de poderes, creyendo que al agregarle una S a todo se convierten en teóricos de más nivel. Sin embargo, cualquiera que se preocupe de verdad por transformar este mundo miserable se preguntará: ¿Es verdad que los imperialistas, que bombardean sin asco en Medio Oriente, que manejan las finanzas de todos los países pobres, que controlan las comunicaciones de todos los mandatarios, que dirigen la ideología impartida a través de la educación y los mass media, ya no tienen el poder? ¿o acaso tiene el mismo poder la CIA que la directora de una escuela? Por más refinados que resulten sus neologismos y sus adaptaciones linguísticas, la historia sigue ahí, interpelando con sus 3 millones de niños muertos de hambre al año.

 

La senda está trazada

 

“El elemento fundamental de esa finalidad estratégica será, entonces, la liberación real de los pueblos; liberación que se producirá, a través de lucha armada, en la mayoría de los casos, y que tendrá, en América, casi indefectiblemente, la propiedad de convertirse en una revolución socialista.” (Guevara, 1967)

 

La estrategia que asumió Ernesto Guevara está compuesta por elementos de carácter coyuntural y otros de carácter estructural, es decir: algunos que fueron propios de su época y otros que subsistirán mientras exista este sistema. Es tarea de la actualidad dilucidar cuáles están vigentes y cuáles no, a partir de un estudio riguroso y sistemático de la realidad contemporánea.

 

“Es absolutamente justo evitar todo sacrificio inútil. Por eso es tan importante el esclarecimiento de las posibilidades efectivas que tiene la América dependiente de liberarse en formas pacíficas. Para nosotros está clara la solución de este interrogante; podrá ser o no el momento actual el indicado para iniciar la lucha, pero no podemos hacernos ninguna ilusión, ni tenemos derecho a ello de lograr la libertad sin combatir.” (Guevara, 1967)

 

Tras más de 30 años sin estrategia de poder, tal vez sea momento de retomar este problema, que es práctico y teórico; que no espera, ya que la historia le tiene pánico al vacío: si no se asume una estrategia propia, se asume inconscientemente la estrategia del enemigo.

 

 

 

 

LOS PASOS HACIA LA UTOPÍA

 

Hace más de 30 años, quienes pensamos que es posible vivir sin capitalismo, carecemos de una estrategia capaz de lograr dicho objetivo. El propio objetivo se nos ha vuelto confuso, lo que pone las cosas mucho más complicadas.

 

En este artículo intentaremos pensar un concepto clave en la política: la estrategia. No lo haremos en abstracto, sino que partiremos de nuestra propia historia, particularmente, retomando el lugar que le daba a estos conceptos uno de los últimos grandes estrategas de la revolución latinoamericana: Ernesto Guevara.

Hay dos textos del Che que resultan imprescindibles para abordar este tema: “Táctica y estrategia de la revolución latinoamericana” de 1962 y El mensaje a los pueblos del mundo a través de la tricontinental conocido como “crear dos, tres… muchos Vietnam” de 1967. Partiremos entonces de dichos textos para pensar el problema.

 

Estrategia ¿Qué es?

 

Estrategia es un concepto bélico, trabajado por Carl Von Clausewitz, estrechamente vinculado a la política, ya que según sus famosas palabras: la guerra es la extensión de la política. “Táctica y estrategia son los dos elementos sustanciales del arte de la guerra, pero guerra y política están íntimamente unidas a través del denominador común, que es el empeño en lograr un objetivo definitivo...” (Guevara, 1962)

 

Aquí tenemos los tres elementos claves para comprender el asunto: Objetivo, estrategia y táctica. El objetivo es lo que da sentido a los otros dos conceptos. Un objetivo no se logra azarosamente, ni por la voluntad espontánea, ni por la alegría o el empeño, ni por mucho que se rece, para lograrlo hace falta una estrategia. Planificar: el lapso, los lugares, las fuerzas y los métodos que se deberán emplear, es decir la conducción. Táctica por su parte, es la disposición que se asume en cada caso aislado.

Esto adquiere complejidad, ya que un objetivo táctico puede transformarse en estratégico dada su importancia en la conquista del objetivo, o la correlación de fuerzas concreta de que se disponga. Pero es determinante saber diferenciar una cosa de la otra, ya que la dilapidación de fuerzas y el desgaste resultan mortales si no se los distingue bien.

Guevara encontraba un gran problema político en los progresismos que ponen toda su fuerza por ganar una batalla electoral, una conquista sindical, un derecho, etc. sin atender el problema del poder, llevando al pueblo a callejones sin salida.

 

“¿Por qué esta dilapidación de las energías populares? Por una sola razón: en las fuerzas progresistas de algunos países de América existe una confusión terrible entre objetivos tácticos y estratégicos; en pequeñas posiciones tácticas se ha querido ver grandes objetivos estratégicos. Hay que atribuir a la inteligencia de la reacción el que haya logrado hacer de estas mínimas posiciones ofensivas el objetivo fundamental de su enemigo de clase.” (Guevara, 1964)

 

Foquismo

 

Es al día de hoy, que muchos izquierdistas, profesores universitarios y teóricos de fuste, no vacilan en hablar de “foquismo” cuando de estrategia guevarista se trata. Es un lugar común que ni siquiera se cuestiona. Seguramente no se hayan tomado el trabajo de leer los escritos del Che, o de estudiar su práctica. Probablemente solo conozcan a la caricatura de Guevara: la de un barbudo voluntarioso con buena puntería. Desconocen al Che lector sistemático de filosofía, economía y diversos temas políticos y militares; el Che era un revolucionario tan audaz en la práctica como inquieto en la teoría (aunque no publicara todos sus escritos)

Durante muchos años se le asignó a Guevara una idea que es propia de Regis Debray y como Debray era un profesor francés, su mirada para referirse a la Revolución cubana fue más tenida en cuenta que la de los propios revolucionarios. Lo cierto es que la idea de “foquismo” fue una construcción de Debray, con la que el Che no simpatizaba mucho según cuentan sus compañeros más cercanos.

 

Objetivo ¿Cuál es?

 

“El estudio certero de la importancia relativa de cada elemento es el que permite la plena utilización por las fuerzas revolucionarias de todos los hechos y circunstancias encaminados al gran y definitivo objetivo estratégico: la toma del poder.

El poder es el objetivo estratégico sine qua non de las fuerzas revolucionarias, y todo debe estar supeditado a esta gran consigna.” (Guevara, 1962)

 

Tal vez ahora resulte más claro: el objetivo que determina toda la vida de Ernesto Guevara, sin el cual no se puede explicar ninguna de sus acciones es “La toma del poder por parte de las fuerzas revolucionarias”, a partir de esto toda su historia como revolucionario cobra sentido.

Buscar causas psicológicas o formas de ser desde las cuales criticar o fundamentar la vida del Che es mera masturbación teórica de la derecha, dejémosles a ellos ese trabajo.

Sigamos leyendo al Che mejor:

 

“En nuestro mundo en lucha, todo lo que sea discrepancia en torno a la táctica, método de acción para la consecución de objetivos limitados, debe analizarse con el respeto que merecen las apreciaciones ajenas. En cuanto al gran objetivo estratégico, la destrucción total del imperialismo por medio de la lucha, debemos ser intransigentes.” (Guevara 1967)

 

Se aclara en este pasaje cuáles son los criterios de unidad y debates posibles entre revolucionarios: ¿Es posible aliarse con todo el mundo? ¿es una cuestión de capricho, de amistad, o hay algún elemento que nos permita discernir con quiénes se cuenta entre las fuerzas populares? Para el Che era claro, todo podía ser discutido, excepto el objetivo de la destrucción del imperialismo, es decir de la toma del poder.

¿Por qué destrucción del imperialismo y toma del poder pueden usarse como sinónimos? En el Che lo eran a partir de su diagnóstico de las condiciones de la época: “los grandes contendientes que en este momento disputan la hegemonía del mundo: el imperialismo y el socialismo” (...) “Se establece que, aun cuando ya es muy importante la lucha por la liberación de los pueblos, lo que caracteriza al momento actual es el tránsito del capitalismo al socialismo.” (Guevara, 1962)

 

Actualmente esta afirmación es vista como pasada de moda por muchos intelectuales del reformismo y vendida a los alumnos de la academia como carente de toda finesa intelectual. ¿Por qué? Porque ni el reformismo, ni la burguesía tienen interés en que los pueblos piensen en el problema del poder político. El posmodernismo ha travestido la idea de Poder en la de poderes, creyendo que al agregarle una S a todo se convierten en teóricos de más nivel. Sin embargo, cualquiera que se preocupe de verdad por transformar este mundo miserable se preguntará: ¿Es verdad que los imperialistas, que bombardean sin asco en Medio Oriente, que manejan las finanzas de todos los países pobres, que controlan las comunicaciones de todos los mandatarios, que dirigen la ideología impartida a través de la educación y los mass media, ya no tienen el poder? ¿o acaso tiene el mismo poder la CIA que la directora de una escuela? Por más refinados que resulten sus neologismos y sus adaptaciones linguísticas, la historia sigue ahí, interpelando con sus 3 millones de niños muertos de hambre al año.

 

La senda está trazada

 

“El elemento fundamental de esa finalidad estratégica será, entonces, la liberación real de los pueblos; liberación que se producirá, a través de lucha armada, en la mayoría de los casos, y que tendrá, en América, casi indefectiblemente, la propiedad de convertirse en una revolución socialista.” (Guevara, 1967)

 

La estrategia que asumió Ernesto Guevara está compuesta por elementos de carácter coyuntural y otros de carácter estructural, es decir: algunos que fueron propios de su época y otros que subsistirán mientras exista este sistema. Es tarea de la actualidad dilucidar cuáles están vigentes y cuáles no, a partir de un estudio riguroso y sistemático de la realidad contemporánea.

 

“Es absolutamente justo evitar todo sacrificio inútil. Por eso es tan importante el esclarecimiento de las posibilidades efectivas que tiene la América dependiente de liberarse en formas pacíficas. Para nosotros está clara la solución de este interrogante; podrá ser o no el momento actual el indicado para iniciar la lucha, pero no podemos hacernos ninguna ilusión, ni tenemos derecho a ello de lograr la libertad sin combatir.” (Guevara, 1967)

 

Tras más de 30 años sin estrategia de poder, tal vez sea momento de retomar este problema, que es práctico y teórico; que no espera, ya que la historia le tiene pánico al vacío: si no se asume una estrategia propia, se asume inconscientemente la estrategia del enemigo.